lunes, 5 de marzo de 2012

La Red de Ilusiones I

Normalmente, al leer un medio en prensa inmediatamente se suscitan muchas cuestiones discutibles; en ocasiones, nos encontramos directamente con una estafa al lector. Buenos ejemplos pueden encontrarse en las noticias relacionadas con la tecnología, que suelen resultar poco más que breves panfletos publicitarios del cachivache de turno.


Esto sucede con la lectura de periódicos como El País; no quiero pensar en la experiencia de leer panfletos como La Gaceta o La Razón.


El 2 de marzo la versión impresa de El País arranca con la inclusión de una noticia un poco alentadora: que el Parlamento Europeo suspende la ratificación de el llamado Acta; en la sección de opinión incluye un artículo de Daniel Innerarity al que le tomo prestado el título de su artículo: Desenredar una ilusión.


En entradas anteriores de este diario he tratado de exponer cómo es la arquitectura de Internet y sus fundamentos. A ellas me remito como base para esta entrada.

La sociedad de la Red 
Una de las premisas del artículo de Innerarity es que si bien muchos pronosticaban que Internet sería la herramienta sobre la que se construiría una sociedad libre y bastante anárquica, parece que la sociedad está igual de lejos de tal utopía. Las recientes revoluciones en algunos países árabes y el enquistamiento de sus procesos democráticos confirmarían que la red apenas es capaz de impulsar cambios sociales menores.

Hay un primer problema relacionado con la expectativa. Por ejemplo, los cambios en los países árabes que tuvieron una revolución no van a darse en dos días. El proceso llamado transición en España ocupó tres años hasta la aprobación de la Constitución Española, y hubo que esperar a 1982 (tras el intento de Golpe de estadode febrero de 1981) para que el sistema político español comience a cuajar. Puede incluso argumentarse que el proceso de transición finaliza cuando el partido político Alianza Popular se refunda en el presente Partido Popular. Aun así, viendo el enorme déficit democrático de muchas instituciones, podría extenderse la argumentación para cuestionar el asentamiento real de la democracia en España.


Por mucho Internet que se use, ¿por qué un proceso (muchas veces elogiado y calificado de "ejemplar") de 30 años en un país europeo debería resolverse en un país árabe en apenas 6 meses? O examinemos a Hungría y sus recientes reformas: un ejemplo más brutal de cómo un proceso de más de 20 años, en lugar de consolidarse, involuciona.

También  es cuestionable el efecto inmediato que Internet puede conseguir en una generación de usuarios. Si bien tradicionalmente los usuarios técnicos permitieron un funcionamiento de Internet bastante anárquico. Sin embargo, es de esperar que las nuevas hornadas de usuarios se comporten en la Red como lo hacen en su vida privada. No basta conectarse a Internet para convertirse en un humanista ilustrado. En internet se encuentran foros humanistas, pero también retrógrados de extrema derecha, incluso algunas iglesias y religiones varias utilizan la red con provecho. Con Internet puedes informarte de cualquier cosa y acceder a información sobre cualquier tema imaginable. Naturalmente, lo usual es que el usuario navegue por contenidos relacionados con sus gustos e inquietudes ya existentes. Esto incluye a la cultura y a la propia ética.


¿Debería concluirse con Innerarity que la Red ha supuesto un fiasco a quienes depositaron tan altas expectativas? En Mi Honesta Opinión, por supuesto que no. Pero para sostener esta afirmación, he de argumentar en qué medida Internet puede resultar en un catalizador social para una sociedad puede que no utópica, pero desde luego mucho mejor que la actual.

Todo se pega
Mi primer argumento se basa en la premisa de que es el contacto con otras personas el que nos hace mejores personas en la sociedad. Según esta premisa, a medida en que la sociedad va creciendo geográficamente con la ampliación del comercio, el conocimiento de unas personas respecto de las demás aumenta. Y es este aumento de la comprensión de los demás lo que nos mejora continuamente.

Internet, más allá del teléfono, la televisión y otros medios de comunicación, nos acerca unos a otros mucho más. De repente, uno pasa a formar parte de otros mundos y formas de ver la vida. Es difícil sostener los estereotipos tradicionales sobre otras personas cuando interactuas continuamente con tales personas. También pueden compararse nuestros distintos prejucios con los de otros grupos.

Es más, al acceder a parte de la vida de otras personas, es inevitable adquirir parte de su forma de ser. El ser humano se basa de la repetición para aprender, por lo que aprende de aquello que ve. Es el viejo dicho de que "todo se pega". Cuantas más cosas vea y cuánto más heterogénea sean las personas con las que contacte, más evolucionará su propia persona.

Naturalmente, nada es perfecto. Si uno se conecta a foros de extrema derecha, por ejemplo, única y exclusivamente, es poco probable que disponga de estímulos que imitar, ya que tal comunidad será bastante homogénea.

Todo esto es válido para individuos: si trata de relacionarse con más gente tendrá estímulos para aprender y mejorar, mientras que las comunidades cerradas proporcionarán justo lo contrario. Innerarity, como tantos otros, olvida que la sociedad es mucho más que la suma de sus individuos.

Puede ser cierto entonces que una parte de la sociedad utilice Internet para mantenerse anclado. Sin embargo, lo cierto es que en el conjunto de la sociedad el efecto será el contrario. Y el efecto aumentará a medida que las redes sociales formen parte de las capas más jóvenes de la sociedad. No en vano son los segmentos más conservadores los más preocupados por el uso de dichas redes por parte de los menores, incluso de los niños. Y es que es bastante difícil inculcarle los antigos dogmas y las antiguas barreras a un aula de niños conectados a redes sociales.

Desde luego, los cambios introducidos en la última generación son brutales y muy esperanzadores. Hace 4 generaciones un activista antiesclavista no consideraba que un negro fuese del todo humano y que pueda tener algún día los mismos derechos de un blanco. Hace 3 generaciones, no tuvimos empacho en intentar exterminar todo  un pueblo (en Alemania) o a los que pensaban diferente (en España) por una supuesta mejoría en nuestro bienestar. Hace 2 generaciones, nos preguntábamos cuándo moriríamos como especie por culpa de las bombas atómicas y la Guerra Fría. Dado ese contexto, la mejora es obvia.

El cerebro compartido
Internet permite compartir el conocimiento de toda la humanidad para la mejora de sus individuos. Eso no quiere decir que muchos estados traten de imponer leyes restrictivas a tal transimisión de la información. El "Cortafuegos" chino, las leyes que dificultan el acceso a páginas antisemitas en Francia o Alemania, el Acta, las leyes de patentes... hay sin duda un gran esfuerzo exitoso por parte de los estados para poner puertas al campo.

Cierto.

Pero no es menos cierto que en realidad tales comportamientos se dan en estados con legislaciones restrictivas preexistentes. Aunque Innerarity argumente a través de las leyes contra el antisemitismo y pudiese utilizar el Cortafuegos chino, lo cierto es que las leyes de patentes son un ejemplo mucho mejor e interesante.

La legislación de las patentes surge para permitir que las clases burguesas incipientes puedan mantener la propiedad de un descubrimiento o idea mientras consiguen la financiación de su desarrollo y comercialización. Sin embargo, con el tiempo las patentes se comenzaron a utilizar para restringir la competencia.

Como no, las patentes son usadas para tratar de frenar el impacto de la extensión del conocimiento, también con Internet. Sin embargo, el éxito es magro. Y la ciencia y la técnica evoluciona a su pesar.

Podemos comenzar con las propias tecnologías que se usan en la Red. HTML 5 y javascript por un lado; los sistemas *BSD y GNU/Linux; los protocolos de red. Un ejemplo curioso es btrfs, sistema de ficheros de GNU/Linux que sirvió de ejemplo para el nuevo Refs de Microsoft. La supercomputación a bajo coste incrementa la competencia en la generación de conocimiento, de la misma forma que la nube abierta permite por primera vez soñar con deslocalizar por completo la información.

Los impedimentos existen, pero la información es cada vez más compartida de forma exponencial.

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