sábado, 21 de abril de 2012

El largo camino a un mundo mejor (I): echando la vista atrás

La culpa es de la Historia (casi siempre)

 
Ahora que en casi toda Europa reina una especie de seudodemocracia, es fácil olvidar cómo funcionaba el sistema político en la Edad Media en buena parte del continente. Por aquel entonces, el sistema gobernante funcionaba en una especie de organización de "vasallaje". Distintos nobles juraban fidelidad y apoyo a otros nobles para parapetarse tras su poder. Es menos conocida su relación con los habitantes (por entonces rara vez ciudadanos) de a pie. En realidad tal relación variaba bastante en función de la época concreta y del lugar geográfico exacto. Sin embargo, podemos establecer varios puntos de partida:

  1. Los campesinos constituían la parte más baja de la pirámide social, debiendo de pagar diezmos e impuestos (en ocasiones a varios nobles). El noble o la iglesia de turno se comprometían a alimentarlo en caso de hambruna, lo cual dejaba bastante margen en caso de simple escasez.
  2. Los artesanos y comerciantes formaban su propia casta, con sus propios niveles. Podemos hacernos una idea de las implicaciones echando un ojo a esas entidades religiosas tan particulares que aun tenemos en España: las Cofradías. Algunos sectores productivos eran capaces de imponer bastantes condiciones particulares. También los Colegios Profesionales son vestigio de esto.
  3. La clase financiera (casi exclusivamente, judíos, ya que era la única religión que podía prestar con intereses a quienes no fueran judíos). Tras el odio a los judíos subyace principalmente las enormes deudas con ellos contraídas, un tanto de disonancia cognitiva al pedir prestado dinero a sabiendas de que ese trato era pecaminoso.
En España debemos considerar el sistema de extensión geográfica propio de la Reconquista: la justificación para reclamar un territorio debía de incluir el tener habitantes en tal territorio, así que después de liberarlo del dominio musulmán lo inmediato era poblarlo, para lo que no se dudaba en conceder distintos beneficios a tales nuevos moradores.

Siempre me llamó la atención la relativamente poca capacidad militar de cada noble en tal época. Su sistema de vasallaje permitía organizar entidades pequeñas en torno a entidades pequeñas, en lugar de por ejemplo el sistema romano, que creaba una entidad muy grande que abarcaba todo. ¿Cómo podía funcionar eso? ¿Cómo podían obligar a sus vasallos a darles casi todo lo que tenían?

Es común suponer que ahora somos muy listos y antes debían de ser tontos de alguna forma. Y es cierto que las enfermedades que los azotaban constantemente, la poca o nula educación y las supersticiones que entonces eran moneda corriente, parecen ayudar en esa dirección; mas sólo cuando aprendes lo lejos que estamos de ser listos y entiendes que somos el resultado de millones de años de evolución, tal idea se vuelve estúpida. Así que ¿por qué lo harían?

En general, campesinos y artesanos aceptaban su situación a cambio de seguridad: yo trabajo, y no paso hambre; tú me proporcionas caminos por los que transitar y en los que comerciar; tú te encargas de que no me asalten en tales caminos o en mi casa. Un campesino aceptaba ser campesino para otro porque era lo que había hecho toda su vida.

¿Era fácil cambiar? Aun hoy, la verdadera flexibilidad laboral, es decir, la capacidad de cambiar de profesión si la que uno tiene no es la más adecuada a sus circunstancias, es muy baja. ¿Hay algún motivo para suponer que entonces no era igual, o peor? Al fin y al cabo, el campesinado es una profesión a tiempo completo. Hay meses en los que no tienes nada que hacer (invierno), pero el resto del año trabajas de sol a sol. Y, si esto es así, ¿qué podrían haber hecho para mejorar? muy poco.

Echemos más la vista atrás y tomemos perspectiva: la (breve) Historia de la Humanidad se compone de periodos muy largos que a su vez contienen otros periodos muy largos. De todas formas, podemos ver como el tiempo se va comprimiendo a medida que nos acercamos a nuestra época (aunque eso también es porque nos conocemos más). Aun así, cuando hablamos del Antiguo Egipto estamos considerando un sistema geopolítico que duró 5000 años; Roma duró más de 1000, y la actual nobleza ha ido cediendo el poder durante otros 1000 años, hasta que el comercio y la ciencia trajeron la globalización, que es el sistema que pretende sustituir al viejo orden (y no sólo en Europa).

Inciso: una cosa que me resultó bastante sorprendente y que nunca había tenido en cuenta es que la actual monarquía española está supuestamente emparentada (la garantía de paternidad 100% no existe) con un tronco familiar que lleva ¡10 siglos! gobernando buena parte de Europa. Parece que fue capaz de adaptarse a sistemas tan dispares como el viejo feudalismo, la monarquía absolutista y los sistemas parlamentarios que predominan ahora.

Cuestión de tiempo libre

Una característica importante para que los miembros de una sociedad puedan efectuar cambios de calado es la oportunidad para hacerlo. Y uno de los requisitos de dicha capacidad, es el tener tiempo...

  • Tiempo para aprender. Los miembros de una sociedad tienen que conocer su situación y poder fijarse unos límites. Como es difícil inventar algo que no existe, es importante el tener algún referente, algo que envidiar en otros lugares, para pretender imitarlos en la medida de lo posible. En otras palabras, tener una meta.
  • Tiempo para crear. Una vez que una sociedad sabe a dónde quiere ir, tiene que tener ocasión de ponerse en marcha. Esto habitualmente pasa por la participación política, pero también por el trabajo comunitario, que permite influir y ser influidos por la gente del entorno.
Uno de los logros de la política moderna se resume en la cita política "los ciudadanos quieren [aquí el asunto de turno]". Así transmiten la idea de que la sociedad delega en ellos las dos tareas antes enunciadas (aprender y crear), ya que bastante tienen con ocuparse de sus vidas. El paralelismo con el sistema feudal es, en mi opinión, inevitable.

Otro de los elementos políticos utilizados para someter a la sociedad es, de nuevo de forma paralela al feudalismo, la seguridad, en todas sus vertientes.

Comencemos por la ahora llamada seguridad ciudadana. Uno podría pensar que en un estado donde los ciudadanos eligen las cámarasa que votan las leyes, que pueden ser juristas, abogados, jueces o fiscales estudiando una carrera que se imparte en universidades públicas, la necesidad de "participar activamente" en la "impartición de justicia" es un poco absurda. Es decir, después de que cualquier ciudadano pueda prepararse para una tarea en sí misma compleja dedicándole varios años, pretenden convencernos de que es inteligente que las sanciones finales las decida gente que no ha querido prepararse. Además, con esto lo que hacen es reservarse más aun el papel de redactores de leyes: las leyes que nos gobiernan, al parecer, sí que no son asunto nuestro.

Por otra parte, y como es lógico, la sociedad estará dispuesta a intercambiar más a cambio de seguridad, a medida que perciba que esta es menor. Un beneficio adicional para la clase dirigente es que entre la sociedad se extiende un sentido de culpa: ¡qué sería de nosotros sin ellos para que nos protegiésemos y defendiésemos de nosotros mismos!

Y para esto, se aprovechan de que la sociedad apenas tiene tiempo para conocerse a sí misma. Inmersos en aprender a competir con nosotros mismos por las migajas que a veces caen de Su mesa, no es posible dedicar tiempo a aprender todo lo que necesitamos saber para conocernos y cambiarnos. Basta seguir unos cuantos programas de Redes (de Punset) para observar lo disparatadamente lejos que está el conocimiento humano sobre sí mismo del que tiene la propia sociedad de tal conocimiento.

En mi opinión, los mayores cambios de los últimos milenios han venido de la mano de la ciencia, del conocimiento. Vivimos mejor porque sabemos más medicinas, porque producimos más y mejores alimentos, y somos más humanos porque nos comunicamos cada vez más unos con otros: como si así nos contagiásemos nuestra humanidad. Sin embargo, apenas hemos podido cambiar nuestro sistema socioeconómico, y las discusiones intelectuales al respecto se reducen a las creencias de unos señores muertos hace más de un siglo que intercambiaban pareceres respecto a las fábricas que conocían, aislados del mundo exterior.

'Taggin' político

Dramatis Personae

(en orden alfabético)

Francisco Franco
Célebre ferrolán por haber sido el Caudillo de la España Grande, Una y Libre de no se supo nunca qué, y que según la Academia de la Historia española no fue un Dictador sino simplemente Autoritario, padre del movimiento denominado Franquismo y famoso por haber sumido un país completo en una hibernación de 40 años.
George Orwell
Periodista y escritor conocido fundamentalmente por sus obras Rebelión en la Granja (1945) y 1984 (1949).
James Watt
Matemático e inventor, conocido por haber desarrollado la Máquina de vapor, que sería el motor de la Revolución Industrial.
Karl Marx
Filósofo socialista considerado el padre del Socialismo Científico y del Marxismo. Sus obras más famosas son Manifiesto Comunista y El Capital.
Mijaíl Bakunin
Filósofo anarquista considerado uno de los padres de dicho movimiento. Su obra es panfletaria y fue compilada posteriormente. Destacar Escritos de Filosofía Política, en la recopilación de G.P. Maximoff.

Etiqueta que algo queda


En el principio fue el Nombre, que es lo que da existencia a la Realidad. Luego fue el Seudónimo, cuando las cosas querían ocultar su verdadera identidad: conoce el nombre y dominarás la realidad que nombra. El seudónimo se convirtió en Eufemismo, cuando escuchar fue tan importante como nombrar; el eufemismo esconde la verdadera naturaleza de lo nombrado en el interior de quien escucha. Ya al final, justo antes de que el Universo se volviese números, y que los nombres deviniesen fórmulas, fue la Etiqueta.

La etiqueta, a diferencia de los nombres, no trata de describir realidad alguna: son sustantivos que sirven para referenciar a otra cosa. Modernamente, se emplean para describir los atributos de canciones, para indicar los participantes en una fotografía, para poder clasificar archivos por temática, etc.

En nuestra vida diaria, es usual referirse a través de etiquetas a múltiples cosas. Un ejemplo curioso en castellano (en España) es el uso de la palabra inglesa performance para referirse a alguna extraña colección de obras de arte alternativo, excluyendo de forma arbitraria a las representaciones tradicionales.

Las etiquetas aplicadas a la política son bastante conocidas y utilizadas; sin embargo, no es tan usual conocer lo que hay debajo de ese etiquetado. Si bien para las conversaciones más superficiales son suficientes ("yo no voto al PP, sólo voto a partidos de Izquierda"), basta comenzar a profundizar en cualquier aspecto para encontrar errores e incongruencias ("¿Puede un sindicato de trabajadores ser de Derechas?").

Y de esa forma se convierte para mí en un tema más o menos recurrente. Así que después de explayarme en una charla a través de Facebook, he decidido compilar aquí lo que expuse en dicha charla, limpiándolo si cabe un poco y dándole en lo posible algo de esplendor.

Contextualizando históricamente


Cuando se reflexiona sobre la mayor parte de los temas, es preciso dedicar un cierto esfuerzo a contextualizar el tema tratado. Entre las diferentes circunstancias a considerar, figura sin duda el Contexto Histórico.

Érase una vez la (entonces) incipiente clase burguesa. En aquel tiempo, existía un parlamento, una cámara baja, o cámara de los comunes, donde esa gente común discutía sus cosas. Por supuesto, los altos tenían su propia cámara por las dudas, no fuese a ser que algo que quisiesen hacer los comunes les afectase a ellos. Curioso, no han cambiado nada en siglos!!

En dicha cámara, los representantes de la clase burguesa antedichos se sentaban en la parte derecha, aunque siempre me he preguntado si era según se veía desde el estrado (me imagino que sí, ¿no?).

La clase burguesa, por definición se oponía a la clase dirigente, que es otro nombre para la clase nobiliaria. Bueno, los nobles de nobles no solían tener gran cosa, pero es lo que tiene pensar que se heredan las cosas por la sangre. Hoy sabemos que se hereda al 50% de genes de padre y madre, que unos se manifiestan si los otros son recesivos, y en todo caso el medioambiente afecta al individuo tanto o más que los propios genes. Aun hay mucha gente que no entiende esto, así que ¿por qué reprochárselo a tales nobles de entonces?

De ahí, si en una cámara de los comunes, los burgueses estaban en la derecha, los demás estarían... ¿en la izquierda?

Con el devenir de la historia, tenemos la burguesía ya asentada en el poder, e incluso buena parte de la nobleza se integra en la clase burguesa, formando una amalgama extraña pero en la que se distingue aun el empresario emprendedor, de origen liberal y el empresario de origen nobiliario.

Sigue pasanto el tiempo, hasta que alguien inventa la máquina de vapor. Nótese la contradicción de que la tecnología haya sido impulsada por la Ilustración, que nació en la nobleza cristiana... ¡Cosas veredes...!, se había dicho hacía poco... Vale, como el Ser Humano es así, de la máquina de vapor se pasó a los transportes a vapor, a las fábricas con maquinaria de vapor, etc.

Es preciso aquí hacer un inciso y retroceder 2000 años o cualquier cantidad de tiempo arbitraria. Fijémonos en que el Campesinado nunca ha sido considerado del todo como seres humanos. Nunca han tenido apenas derechos, y eso en los casos en que al menos las tierras fuesen suyas. Los gobernantes de turno los cuidaban y protegían a cambio de su comida y de sus hijos para sus peleas habituales, pero en general no los consideraban mucho mejor que ahora la mayoría consideramos a los perros.

Téngase en cuenta, por ejemplo, que los "derechos de los ciudadanos" en principio excluían a los campesinos, ya que, por definición, no eran ciudadanos. Una de las mayores burlas de la Historia es que la Revolución Francesa hubiese necesitado a los campesinos, en lo que fue sin duda el mayor fracaso de la burguesía desde que existe.

Volvamos a la Revolución Industrial. Empezaron los campesinos (recordemos que no eran considerados del todo humanos), que se cansan de perder sus cosechas con el granizo o cualquier imprevisto climatológico, de que sus hijos en lugar de ayudar vayan a guerrear en el conflicto del noble de turno, etc. y se va a la ciudad porque "corre el rumor de que allí se puede trabajar". Como es de esperar, los burgueses exprimen a los obreros como si fuesen ... ejem... ¡campesinos!

Los campesinos, o a estas alturas ya los obreros, se organizan en sindicatos -ojo, la lucha (en gallego es grebe)- no tiene mucho que ver con lo de hoy: claro que se trataba de impedir a los demás "ejercitar su supuesto derecho" a trabajar, porque se consideraba que sólo así se podría imponer algo a los burgueses.

Surgió entonces la idea de que la Sociedad -incluyendo a todos (aunque por algún misterio, olvidando -de nuevo ¡ay!- a los campesinos-) debería primar sobre el individuo. A eso se le llamó Socialismo.

Podemos resumir entonces en que tenemos a los que estaban a la derecha en su Parlamento diciendo que cualquiera debería poder ejercer cualquier actividad de las que por entonces eran exclusivas de los nobles. Teniendo en cuenta los sistemas monárquicos considerados, con más tendencia al Absolutismo que los sistemas políticos actuales de Europa, era lo mismo que establecer que el sistema de gobierno no debería poner trabas a la actividad económica de los individuos del país. Cuando los trabajadores acceden al parlamento, se aglutinan en la oposición a la burguesía. Por supuesto, los obreros son partidarios de que el Estado debería intervenir para regular los desmanes de los burgueses y defender a los derechos de los obreros. Pero nótese que aquí hay dos formas en las que puede primar la Sociedad sobre el Individuo: el liberalismo extremo (Anarquismo) y el Comunismo.

El Anarkismo es un movimiento de extrema derecha por definición. Aunque todo es posible, os reto a encontrar un sistema (aun teórico) más liberal. Algunos se confunden e interpretan el Anarquismo según aceptes la teoría Capitalista o no; sin embargo, el Anarkismo (de derechas, por supuesto) no considera fundamental la prioridad de los recursos de producción. Puedes pensar en un anarkismo productivo o un anarkismo capitalista, pero son variaciones sobre la misma idea. ¡Salud, Bakunin!!

El Comunismo establece que la Sociedad, a través del Estado, debería ser la propietaria de los medios de producción, estableciendo su justo (e igual, no necesariamente equitativo) reparto.

Dicho esto, matizar que por supuesto, el anarkismo es un movimiento socialista; pero no puede ser de izquierdas. De hecho, el anarkismo de Bakunin formaba parte de la Internacional Socialista y habría sido curioso a dónde podrían haber llegado él y Marx si no se odiasen.

Separar el mundo en derechas e izquierdas es muy conveniente cuando quieres simplificar y ocultar los conceptos. Por ejemplo, en España hay un partido Obrero que siempre habla de socialismo pero nunca de trabajadores. O una Derecha que está plagada de nobles.

Es posible aplicar la idea de Marx de la Lucha de Clases como motor del cambio histórico país a país y ver que no solo encaja sino que proporciona causas convincentes a las particularidades de dicho país. Sin embargo, como toda la teoría socioeconómica, debemos ajustarlo en función de la existencia de campesiones con o sin tierras.

Cosas de casa



Es tentador hacer algunos comentarios sobre el caso de Franco. Es un caso curioso y podría extenderse mucho su análisis. No obstante, voy a tratar de describir algunos principios.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que Franco no era ni siquiera relevante en lo que algunos llaman revuelta para no decir Golpe de Estado, y mucho menos su cabecilla. Alcanzó el poder tras algunos avatares, pero no había mucha más ideología tras él que el patriotismo (eso que algunos llamamos "patrioterismo") estándar habitual en los mandos militares.

Los sublevados no tenían capacidad militar para ganar la Guerra, ni organización para establecer un sistema de gobierno en caso de triunfar. Su intento tenía ciertas connotaciones desesperadas. Es sabido que la ayuda militar se la dio Hitler... más no sólo eso; el apoyo alemán bastaría para ganar la guerra, pero ¿y después?

La brevedad de la propia II República era una lección que no podía obviarse de manera alguna: había que dar sustancia a un proyecto de estado. Claro que al no tener un proyecto de Estado, esto era muy difícil.

Entonces Paquito vio la luz. En algún momento de la revuelta, se aliaron aquellos que eran enemigos de la República, casi sin quererlo. La revuelta se apoyó en dos organizaciones con terrible poder: el sindicato falangista y la Iglesia Católica. Y es que hasta donde yo sé, Franco no tenía a la Santa Madre Iglesia en allá mucha estima.

Eso forjó los dos primeros pilares sobre el que apoyar el Nuevo Imperio: Falange e Iglesia. Por supuesto, para evitar los problemas de reclamaciones de poderes periféricas, se limitó a desarrollar una teoría centralista y un nacionalismo que nunca ha existido. Construyó un folclore extraño para darle sustancia... ¡y a españolizar! Así construyó su sistema de tres patas: sindicalismo, clericalismo y españolismo.

Hay que reconocer su mérito. El concepto de nación española no es original del franquismo, pero la implementación concreta de dicho nacionalismo aun perdura en nuestros días. La Cultura aun hoy apadrinada por el Estado y no pocos de los medios de comunicación se basa en una nación que empezó a existir en los años cincuenta.

También hay que decir que, como no hay nada perfecto, exterminar opositores que no habían tenido la buena idea de huir a algún otro país fue el elemento final de cohexión para su sistema político. Franco era consciente de que su sistema de pensamiento mantenía un equilibrio muy débil y ante la propia debilidad, no hay enemigo pequeño.

Cosas del mundo



El sistema de Hitler, por ejemplo, es mucho más sencillo: de fundamento económico socialista de izquierdas (sus programas de inversiones públicas, por ejemplo), combinado con mucho fascismo. Eso sí, era de naturaleza conservadora y terriblemente patriótica (más bien fuertemente racista y xenófoba).

Por supuesto, hace 200 años ser de derechas era sinónimo de ser progresista; cuando ya la burguesía y la banca tienen el poder, ser de derechas es ser conservador, no hay nada de extraño en esto. Las etiquetas rara vez sirven para describir realidades si no comprendes lo que significan. Hitler estableció una dictadura de izquierdas, mientras que Pinochet estableció una dictadura de derechas. Franco, por su parte, hizo tal amalgama que su sistema de gobierno debe denominarse "franquismo" para poder entender de qué estamos hablando.

Incluso etiquetas más concretas (como socialista o liberal) pueden ser muy poco descriptivas, y pueden variar en función del país o de la época histórica.

Personalmente me considero próximo a la Anarkía... quizá por ser de clase baja, me cuesta mucho entender cómo se puede ser liberal y a la vez negar la igualdad de oportunidades. El liberalismo que no es socialista lo encuentro conceptual e intelectualmente extraño.

El liberalismo teórico se fundamenta en un concepto del derecho personal interesante, pero, como digo, sin igualitarismo resulta extraño. Por qué la vida de una persona deba variar fundamentalmente en función de los logros de los padres de una persona me recuerda demasiado al sistema nobiliario, que supuestamente debería ser opuesto al liberalismo. Así, cuando he debatido con personas liberales, me he referido a ellas como "las que se llaman a sí misma 'liberales'...". Generalmente, creo que eso no hace mucho para que tenga amigos.

En mi modesta opinión, Orwell, sin pretenderlo (el más bien al principio sólo quería quejarse de las dictaduras) construyó el fundamento de pensamiento más importante de este siglo: la manipulación del lenguaje. Esta idea la he tratado en el anterior artículo que publiqué en este blog: El Poder-de-las-Palabras

Ah!! naturalmente, la socialdemocracia está más asentada en los países industrializados, que eran los que tenían una clase obrera más o menos asentada; es notable la excepción de UK tras el imperio Tatcher, y Alemania se merece su propio capítulo. Quizá otro día.

Cosas de las palabras



En el sentido moderno, la derecha representa la no intervención de los gobiernos y el conservadurismo en la política social; la izquierda represente el progresismo en la política social y la intervención de los gobiernos en los asuntos empresariales.

En ocasiones, la etiqueta Demócrata suele sustituir a Liberal. Por supuesto, la causa es muy sencilla. Si alguien postula que es demócrata, es porque se puede pensar que su ideología no lo es. En Europa eso significa que la etiqueta Demócrata suele ir unida o bien a la referencia religiosa (Cristiano), con su propio constructo: Democristiano; o bien otro constructo: Socialdemócrata, correspondiente al Socialismo que acepta el juego democrático. En este movimiento hay una amplia gama de ideologías, desde las más habituales en el Norte de Europa, que consideran que hay ciertos elementos irrenuciables para el Estado, hasta la socialdemocracia alemana o francesa. Dichos sistemas proponen una amplia clase media (que la mayor parte de los habitantes del país formen parte de ella), y es dicha clase el principal sostén del Estado, proporcionando la mayor parte de los impuestos. De alguna forma, la socialdemocracia del Norte es más bien liberal y la del Centro y Sur es más bien obrera. Un partido como el PSOE estaría en las corrientes del Norte, aunque para ello le sobrase una 'O'. Sin embargo, a diferencia de estos no pretende tener una clase media muy amplia que sostenga al país con impuestos elevados, sino que trata de competir con el PP español en tener los impuestos más bajos posibles, aceptando necesariamente una mayor limitación en el papel del Estado en la vida de los españoles.

En UK el movimiento Laborista trataba de mantener la idea de una clase obrera en torno a la que se organizase el país hasta que Tony Blair impuso su famosa y malhadada Tercera Vía (que resultó, como es sabido, una vía hacia ningún lugar).

Para finalizar, en USA hay dos corrientes políticas predominantes: los Republicanos (que se identifica con una ideología democristiana un poco extrema) y los Demócratas, que tendrían posiciones próximas a los socialdemócratas del norte.

miércoles, 18 de abril de 2012

El poder de las palabras

Todo comenzó con Bosque. No el Marqués investido tras el triunfo de su equipo en el llamado en España "Deporte Rey" (no confundir con "Cristo Rey", que es otra cosa). Tampoco fue el clamor de la caída de un árbol el que desencadenó la serie de pensamientos que siguen. Fue un tal Ignacio Bosque, y hablaba del moderno feminismo en el lenguaje.

Vaya por delante que lo primero que pensé al leer su artículo en El País (04/03/2012) fue que si el firmante era Catedrático de Filología Española, podía asistir mucha razón a quienes dudaban de la calidad del sistema educativo español. Después, afortunadamente, recordé que aun en ciertas áreas de las llamadas Humanidades era frecuente que intentasen actuar como si la Ilustración nunca hubiese sucedido.

En otro artículo de El País (19/03), Pedro Reyes añade "la polvoreda levantada por las distintas Academias", en alusión explícita a otra joya española: el Diccionario Enciclopédico de la Academia de Historia y sus curiosos conceptos de "dictadura" y "autoritarismo".

Los demás son hipócritas

Mientras pasaban los días y se escuchaban todo tipo de críticas hacia Ignacio Bosque y muchísimas sandeces tratando de defender postulados muy próximos a los suyos, han pasado, como era de esperar, muchas otras cosas. Entre ellas en su programa semanal Redes emitió el capítulo "El lenguaje está diseñado para confundirnos". En él Punset entrevista al sicólogo evolucionista Robert Kurzban, autor de un libro de título tan irreverente como descriptivo: Why everyone (else) is a hypocrite ("Por qué (los demás) somos(son) hipócritas".)
En la entrevista, Kurzban afirma que el lenguaje evolucionó para manipular el entorno, incluyendo a las personas que nos rodeasen. Incluso, que es la idea central del libro, que nuestro cerebro llega a engañarnos sobre nosotros mismos, por ejemplo dándonos una imagen mucho más positiva que la real.

La primera vez que leí afirmaciones similares fue en la obra "El Gen Egoísta" de Richard Dawkins, en su 2ª edición. La idea general es que el lenguaje tiene sentido cuando un animal de un grupo trata de influir en los demás. Y, por supuesto, la mayor parte de las veces será fruto de un comportamiento egoísta.

Kurzban va un poco más allá y generaliza mucho más el egoísmo como objetivo del lenguaje, fruto según su teoría de que es nuestro cerebro el que evoluciona en un mundo muy egoísta. Por supuesto, el cerebro establece una serie de mecanismos para que el individuo no tenga una concepción egoísta de sí mismo: engáñate a ti mismo para engatusar al mundo.

Dawkins no era tan extremo. Afirma que si bien en general habría recompensas para los individuos que aprovechasen su egoísmo, también sugiere que podrían haberse introducido en la Evolución mecanismos que detectasen a los individuos más embusteros. Por ejemplo, la propaganda emitida por los machos debe ser verídica, ya que hembras que no se dejasen engañar tenderían a ser favorecidas, ya que mentir sobre ciertos atributos no pasaría la prueba de la realidad: ¿de qué vale decir que se es fuerte si ante el primer rival perdemos sin remisión? Y una vez dicho que somos fuertes, no vale con echarse atrás y disimular.

Animales de costumbres

Uno de los efectos más significativos de la irracionalidad del comportamiento humano es su adaptación a los hábitos. Así, el ser humano es capaz de adaptarse a cualquier circunstancia que sea rutinaria. Es como si el cerebro descartase todo lo que es repetido día a día y se centrase sólo en las diferencias. Nos es tan sencillo acomodarnos al lujo más vanal como a las condiciones más extremas.

Bueno, puede ser cierto que para adaptarse a las condiciones más extremas sea importante el condicionante físico: personas con peor salud o peor constitución física tendrán los problemas inherentes a tales limitaciones. Sin embargo, la mente, que es lo importante, resiste.

Cuando era niño y veía películas (hoy es cine clásico) o leía libros, siempre me pregunté por qué un esclavo no huiría o al menos no estaría dispuesto a enfrentar el mundo cual Espartaco. Obviamente, había muchos relatos heroicos sobre esclavos enfrentando al Imperio de turno, pero si eso hubiese sido general, era poco probable que hubiese existido la esclavitud por sí misma.

Como todo, las respuestas comienzan a llegar con la edad. El Ser Humano se acostumbra a lo que sea preciso mientras se le permita sobrevivir. Al mismo tiempo, es previsible que se ejerciese sobre ellos un periodo de "acomodamiento", en el que instintos como sobrevivir o el miedo a sufrir estuviesen más presentes que la necesidad de ser libre. Es muy probable también que se les robase su identidad individual. Y, lo que fue más trascendente, es probable que, pese a todo, no viviesen tan mal.

Generalmente, al pensar en la esclavitud pensamos en las Minas de los viejos grandes imperios. Pero basta considerar la vida normal en la Edad Media para tomar un nuevo punto de vista.

¿Qué tiene que ver esto con mentir? lo cierto es que en tales circunstancias es fácil que el cerebro haya evolucionado para tener un concepto del propio individuo distinto a la realidad: no es probable que si nuestro cerebro fuese honesto la esclavitud o el vasallaje debieran haber prosperado.

También es sencillo entender que nuestro cerebro tiende a desechar cualquier cosa que no coincida con lo que nos hace creer. Cambiar una idea supone afectar también a todo aquello que nos había llevado a tener la idea previa en primer lugar. Ese es el motivo por el que muchos pretendemos entender qué es lo que nos hizo creer en una cosa, por qué pensamos de una forma determinada.

Todo vuelve


Las modas se repiten cada pocos años. En este principio del siglo XXI, el único motivo por el que no suele verse una moda determinada es precisamente por la globalización y el mayor conocimiento intercultural. No se trata de que la sociedad no copie lo anterior, sino que buena parte de esa sociedad puede estar copiando las modas y hábitos de otros lugares. Así, lo que se suele dar con mayor frecuencia es una cierta mezcla donde los elementos culturales de una época o lugar son quizá predominantes, pero no tan absolutos como en décadas anteriores cuando las únicas influencias eran las impuestas por el mundo anglosajón a través de la música Pop y el cine.

Sin embargo, las modas no son más que otra de las manifestaciones de que nuestros cerebros se limitan a copiar patrones y realidades conocidas, antes que inventar cosas nuevas. Lo dicho para una moda en el vestir puede aplicarse a la música y a cualquier manifestación cultural... y no hay razón para extender esto a las ideas.

La Revolución Industrial pilló al mundo a pie cambiado. Mientras comenzábamos a enterarnos de que el Ser Humano podía pensar y encontrar su lugar en el mundo, el modelo productivo de parte del mundo (las entonces potencias colonizadoras: Reino Unido -y después USA-, Francia, Alemania, etc.) cambió súbitamente. Los campesinos se hartaron de vivir a expensas de que un temporal los dejase sin cosecha, y previsiblemente lejos del alcance de la caridad del Rey de turno, y comenzó una imparable mudanza hacia las ciudades para ser explotados en las incipientes fábricas. Eso nos enfrentó a problemas propios derivados de la nueva organización de nuestras vidas (véase Tiempos Modernos de Chaplin, 1936) y cambió para simpre el modelo de clases: la burguesía reemplazó casi por entero a la nobleza, o la absorbió; las luchas de clases fueron el motor de la historia interna de los países, como expuso Marx; la densidad de las ciudades aumentó brutalmente, y el número de estas respecto al total. Donde sólo una porción insignificante de los habitantes de un país vivían en las ciudades, con la Revolución Industrial la tendencia se invierte.

Y por supuesto, el ser humano no estaba muy acostumbrado a vivir tan apretujado.

Una de las manifestaciones más curiosas del rechazo a la industrialización es el movimiento denominado Romanticismo. Dicho movimiento desafía al nuevo mundo con cada vez menos secretos (y misterios) y a una nueva sociedad que sigue otras reglas. Nuestro aprecio del romanticismo no sólo se debe a su belleza intrínseca, sino también nuestro apego a un sistema de vida que se va volviendo obsoleto a medida que el ser humano avanza.

Por supuesto, la industrialización es un problema también para las clases dirigentes. La creciente tecnificación de la producción hace que los obreros lentamente se salgan con la suya. En primer lugar, le da cierto tiempo libre, en comparación con la vida campesina (si bien, el cómputo del trabajo anual favorece a éste, al no depender de las inclemencias del tiempo en el cómputo general el obrero puede aprovechar maś el tiempo libre); en segundo lugar, favorece la creciente alfabetización, ya que la necesaria cualificación de los obreros implica que estos tengan cada vez más formación.

Por otro lado, la ciencia progresa en un círculo que realimenta el proceso de tecnificación de la producción. El ser humano se ve cada vez más cerca de liberarse del yugo de la enfermedad o la vejez gracias al consecuente progreso de la sanidad (que los obreros consiguen extender a la sociedad ya que obreros sanos producen más que los enfermos).

Naturalmente, como casi todo en la historia humana, esta evolución está plagada de violencia. Las luchas sindicales rara vez fueron tímidas y pacíficas; dos Guerras Mundiales; alguna que otra Guerra Civil. No, la evolución de estos últimos 200 años está muy lejos de haber sido idílica.

No obstante, la resistencia de unos y otros no ha servido más que para ralentizar la evolución de la sociedad, mas no para detenerla. De hecho, en los últimos 50 años el nivel de violencia mundial ha disminuido, a la par que ha aumentado bruscamente la esperanza de vida (salvo en África sub-sahariana, donde el cambio es más tenue).

El Hombre y la Industria


Si la relación del ser humano con el proceso de industrialización fue muy conflictiva, la relación de la industrialización y la alfabetización con los supervivientes de los antiguos esquemas dirigentes no ha sido mejor. ¿Por qué iba por ejemplo la Iglesia Católica apoyar a una sociedad que cada vez la necesita menos? y es que pese a toda esa conflictividad aun latente, lo cierto es que tanto la nueva clase burguesa como la cada vez más extendida clase trabajadora han sido capaces de acercar posiciones. Y la ciencia ha proporcionado al ser humano, por primera vez, una parte de las promesas de la Iglesia (y la cultura ha permitido soñar con que la ciencia proporcionaba al ser humano todos los dones prometidos por los dioses anteriores). ¿No habría de haber reacciones?

Pero si bien son los más afectados, los dirigentes de las distintas iglesias no son los únicos afectados por la construcción de la nueva sociedad. La evidente conflictividad entre la nueva clase dirigente y la clase trabajadora, los problemas derivados de una sociedad más urbana (más interrelaciones personales, más conflictos) e ingenua (descartar el efecto de la contaminación de los procesos industriales, que aun no son tan familiares como nos gusta creer) a la vez que orgullosa (descubrimos que somos animales con capacidad para ser racionales como nos prometieron los filósofos griegos, pero no queremos entender que eso no significa que hayamos dejado de ser los animales irracionales resultado de la Evolución Natural), se suman y provocan que los que antes serían los más partidarios de quitar el poder a nobles y sacerdotes acepten buena parte de sus postulados.

Así, naturalmente, la industrialización se vuelve mala per se. No importa que las clases bajas de los países más industrializados sean las que disfrutan de mayor y mejor vida: eso no es relevante.

Otros olvidan también que los países industrializados eran precisamente los que tenían colonizado al resto del mundo. Su insdustrialización se realizó con las materias primas de otros países. Se asume que todos los países del mundo podrían tener los mismos recursos que todos los demás, que simplemente hay un problema de reparto, y no de cantidad.

Por supuesto, a nuestros cerebros les gustan más las ideas simples que las complicadas; éstas pueden afectar a más cosas de las que ya tenemos en nuestro cerebro y por tanto más difíciles de implantar. Hay una postura "idealista", que supone que todo debería ser bonito y "natural" (como decían los románticos, respecto a su mundo de nobles y vasallos campesinos) aunque no suelen detallar cómo podría hacerse esto; y, evidentemente, está la postura contraria, que dice que todo lo nuevo es "guay" y será más "guay" si se industrializa todo (naturalmente, para las nuevas clases burguesas). Defender posturas intermedias es siempre interpretado como estar en uno u otro extremo.

Todo por un limón


Hace tiempo resultaba popular un documento supuestamente filtrado por un hospital. Recuerdo ver un ejemplar en una copistería, y me sorprendí cuando mi hermana me contó que habían estudiado su contenido -aunque no directamente de ese documento, sino como "lección del profesor"- en su clase de bachillerato.

En el documento se detallaban los aditivos alimentarios habituales que supuestamente eran peligrosos. Por supuesto, era un gran secreto a voces que la industria alimentaria usaba aditivos peligrosos para la salud. Se daba el código del aditivoy el efecto que supuestamente tenía.

Recuerdo que lo primero que le dije a mi hermana cuando me había comentado esa lección: "me preocuparía más lo que no dicen que le echan". Por supuesto, Internet no estaba tan extendido como ahora y no era tan sencillo comprobar cualquier afirmación de este tipo.

Sin embargo, la coincidencia quiso que yo conociese el aditivo "estrella" de la lista: el E:330, que merecía tener su propio cuadro y una mayor advertencia: "El más peligroso!!! Muy cancerígeno".

Ni siquera cuestiono si puede ser o no muy cancerígeno. Simplemente sabía que el Ácido Cítrico es lo que da nombre a los cítricos (limones y naranjas, por ejemplo) y cualquier cosa que puedas decir de su ácido debería poder ser aplicado a los productos que lo traen naturalmente.

Por supuesto, nuestro cerebro sería muy pobre si un hecho sencillo pudiese desbaratar una teoría conspirativa estándar. La respuesta a que en realidad los aditivos listados eran en realidad nombres en código para productos naturales, fue sugerir que era el uso lo que hacía que tuviese un efecto positivo o negativo. Así, había u uso natural del Ácido Cítrico (y bueno) en contraposición al uso artificial (y malo). Siempre me llamó la atención la especial diferenciación entre lo natural (producto de la naturaleza) y lo artificial (producto de la creación humana): es como si el Ser Humano fuese una excepción en el orden natural y pudiese realizar cosas que no forman parte de la naturaleza, de forma curiosamente similar a lo que establecen las religiones (que distingue el mundo natural del humano, para pedirle cuentas a los seres humanos de sus actos).

No cuestiono que algunas industrias alimentarias no puedan usar aditivos peligrosos; simplemente el hecho es que es poco probable que en tal caso sean aprobados. En todos los estados suele haber una reglamentación precisa y suele también ser "causa de interés nacional" (que permite reglas excepcionales que no podrían aplicarse en otros comercios). Hay muchos investigadores de muchas universidades vigilando estas cosas y no es sencillo que se pase por alto. Al contrario, a veces hacemos oídos sordos a sus consejos, cuando desafían nuestro naturalismo: así sucede cuando cuestionan los asados o las patatas fritas.

Recientemente se retiró un aditivo utilizado creo recordar por parte de Coca-cola. Lo cierto es que sería peligroso bebiendo cientos de litros al día, y aun así fue retirado.

La luz


Uno de los iconos más frecuentes del mundo del cómic es la bombilla iluminada, que representaría la llegada de La Idea.

Podría ser paradójico que la idea que alimenta una nueva teoría conspirativa fuese una bombilla. Al parecer hay una en un parque de bomberos de USA que tiene más de cien años. Esa bombilla metafóricamente ilumina la idea de lo que se da en llamar "obsolescencia programada" y es base a un documental del mismo nombre que, como la lista de aditivos de antes y tantas otras teorías, resurge periódicamente siguiendo un patrón similar.

La idea es simple: las cosas que consumimos en nuestra sociedad consumista duran muy poco de forma intencionada: las industrias conspira para que duren cada vez menos y alimentar así este sistema consumista.

En primer lugar debemos aclarar algún concepto. "Consumismo" es el nuevo nombre para el hedonismo humano, en este caso asociado a la industrialización. Si la industrialización era mala, la sociedad consumista debe de resultar su producto y por lo tanto ser mala también. Buena parte de la industria produce juguetes que compramos, pues nuestra abundancia relativa de bienes hace que dispongamos de tiempo y recursos para invertir en tales juguetes.

Por supuesto, si lo cierto es que el acceso a recursos es muy desigual en el mundo e incluso dentro de la mayoría de países, el consumismo es un problema cierto. Sin embargo, en países donde hay menos asimetría en el acceso a los recursos, el consumismo se tiene como un problema menor. Así, no es el uso de los recursos, sino el acceso a los mismos, el problema. Como sabíamos antes de tanta teoría. El problema es que el "seudonaturalismo" del que hablé antes limita las condiciones en las que se pueden producir recursos a los que acceder. Y es cierto también que no todo el mundo podría tener tantos recursos. Tal postura no quiere ni oír hablar de lo que la ciencia tiene que decir al respecto: en línea con el pensamiento monacal, si hay pocos recursos, en lugar de producir más simplemente hay que consumir menos. Nótese que ésta es la idea central de los gobiernos europeos de estos últimos 10 años., Y nótese que así nos va.

Independientemente de las falacias sustentadas en el documental, la teoría de la "obsolescencia programada" se sustenta en dos elementos: la reposición y la confiabilidad.

La reposición permite que cualquier elemento de un sistema se puede reemplazar fácilmente. Así, si la bombilla de los bomberos finalmente fallece en un atentado, basta con desenroscarla y reemplazarla por otra. Esta nueva bombilla tendrá las características adecuadas para encajar en el mismo sistema y reemplazar a la anterior de forma efectiva (esto es, que funcione).

La confiabilidad permite saber que una cosa funciona como se espera. De hecho, la definición moderna de calidad no tiene en cuenta lo bien que el elemento de turno desempeña su función o su durabilidad, sino que cualquier elemento producido en un sistema de producción masivo tendrá similares características a otro elemento producido en el mismo sistema de producción. A mayor calidad, mayor parecido en las características, siendo la calidad ideal la que permite saber a ciencia cierta como será un producto a raíz del uso anterior de un producto procedente del mismo sistema.

La principal falacia del documental está en usar "calidad" en el sentido de que un producto debe de ser lo mejor posible (costar poco, consumir -en su caso- poco, reemplazarse fácilmente y durar lo más posible). De ahí se sigue que las industrias invierten recursos en disminuir la calidad de sus productos para lograr altas tasas de reemplazo, obviando de forma curiosa ideas tales como costes, precios de venta, etc.

Uno podría preguntarse por qué una industria necesitaría conspirar para aumentar la tasa de reposición de sus productos. La respuesta es, según dicha teoría, obvia: sería la forma de garantizar que ninguna otra empresa produce productos con menor tasa de reemplazo. La teoría no se molesta con detalles accesorios como por qué dicha conspiración funcionaría: siendo toda empresa una actividad fundamentalmente egoísta basada en la maximización del beneficio, cualquier industria tendría muchos motivos para incumplir el pacto, ya que se supone que los clientes comprarían bombillas mejores. A esta objeción, se responde que los clientes no tendrían necesariamente por qué comprar las bombillas mejores, pero eso nos devuelve a la pregunta de para qué conspirar en primer lugar.

Un ejemplo muy divertido de todo esto son las bombillas llamadas "de bajo consumo". Dichas bombillas son mucho más caras (4 o 5 veces), consumen 5 veces menos y duran hasta 10 veces más. Sin embargo, no parecen haber hecho mucha mella en la demanda de las bombillas convencionales, al punto de que en su momento el Ministerio de Industria español llegó a regalar bombillas de bajo consumo y restringir la producción de bombillas convencionales en medio de una crisis energética.

Lo cierto es que es una explicación más simple pensar que producir muy barato es muy barato, de forma redundante: cuanto más disminuyes costes, más barato resulta producir, y si sube la demanda a consecuencia del bajo precio más barato resulta aun aumentar la producción. Eso no quiere decir que no haya un hueco en el mercado para productos que cumplen la definición de calidad utilizada por la teoría, sino que ratifica que dicha teoría es innecesaria.

En realidad, el problema del consumismo no está en hipotéticas conspiraciones para hacernos comprar cosas que se supone que no necesitamos, sino en todo caso en la asimetria de los costes. En los países más ricos, comer es muy barato y disponer de teléfono móvil es más barato aun. En España, es relativamente asequible una conexión a Internet aunque sea de las más caras de Europa (más, en comparación de poder adquisitivo). Reducir el consumismo simplemente tendría como efecto inmediato que los recursos se distribuyesen en una porción de la población más limitada. Lo mismo con la extensión del concepto de calidad utilizado en esta teoría conspirativa.

Por supuesto, el sistema productivo moderno debe de sufrir muchos cambios y adaptaciones. Pero para entender la falacia que esconde el ataque al consumismo, basta con haber sido pobre durante un tiempo.

Palabras, palabras, palabras...


En el origen, siempre ha estado la palabra. Utilizamos distintas palabras para con frases equivalentes decir cosas distintas; utilizamos palabras que suenen de forma acorde a lo que queremos decir (lo que llamamos "eufemismos"). La mayor parte de disputas ideológicas se deben a matices de determinadas palabras. Hay que estar muy alejado del mundo real, como nuestro insigne Bosque (el de letras, no el de balones), para sostener que presionar sobre el lenguaje no realiza cambios en las sociedades.

Quizá el tratamiento más curioso del lenguaje sea la Neolengua de 1984. Orwell se inspiró en las técnicas comunicativas de las dictaduras, quizás fundamentalmente el trabajo de Goebbels. Es más, puede ser cierto eso de que "aquello de lo que no se habla, no existe", que fundamenta parte del paradigma de las redes sociales.

También es cierto es que el uso del lenguaje para influir a las sociedades fundamenta buena parte del márketing moderno. Nuestros académicos parecen ser víctima de un sistema educativo en exceso compartimentado, donde los especialistas en ciertas disciblinas se forman ignorando lo que al fin y al cabo forma parte del acerbo cultural común.

Por supuesto que se puede cambiar una sociedad con las palabras; podemos imaginarnos a Kurzban respondiendo entusiasmado: "si no, ¡para qué íbamos a querer hablar!!"